sábado, 3 de octubre de 2026

PARA MAS NUNCA OLVIDAR, ¡¡¡ POR FAVOR!!!

 ¡¡ SUUUUMADRE!! MIL MILLONES DE VECES...........

 
El juicio a los esbirros de la Seguridad Nacional
Tras la caída de Marcos Pérez Jiménez, el 23 de enero de 1958, el país no solo celebró el final de una dictadura, también abrió las puertas a la justicia. La Seguridad Nacional, institución temida del régimen, quedó al descubierto. Sus celdas y archivos mostraban el rastro de un sistema de represión que encarceló, torturó y asesinó a cientos de venezolanos cuyo único delito fue disentir.
La sociedad exigía memoria y castigo. Fue así como se abrió un largo proceso judicial contra los principales responsables de aquel aparato represivo. El juicio se extendió por cinco años y culminó el 1 de abril de 1963 con sentencias que buscaban marcar un antes y un después en la historia de Venezuela.
CorreodeLara.com | Revivimos la historia
Entre los condenados estuvieron algunos de los nombres más temidos de la época: Miguel Silvio Sanz Áñez, “El Negro Sanz”, sentenciado a 16 años de prisión; Braulio Barreto, con penas que casi alcanzaban dos décadas; Gregorio González Gómez, “El Alcatraz”; y José Manuel Hernández Sandoval, apodado “El Loco”.
En la fotografía, los esbirros más connotados de la Seguridad Nacional escuchan los cargos del Fiscal Segundo del Ministerio Público en un salón improvisado de la Cárcel Modelo. Esa imagen se convirtió en símbolo de un país que, por primera vez, veía a sus verdugos sentados en el banquillo de los acusados.
Sin embargo, no todas las víctimas hallaron justicia. Muchas denuncias se perdieron en expedientes mal resguardados y otras quedaron silenciadas por la dinámica política del momento. Pese a ello, el proceso buscó saldar una deuda con la memoria colectiva y cerrar con tribunales lo que había comenzado con verdugos.
Hoy, la tortura en Venezuela sigue siendo una realidad, con centros como el Helicoide, Los Chaguaramos o Boleíta Norte convertidos en sinónimo de dolor. Conviene recordar a José Agustín Catalá (1915-2011), quien afirmaba que no podía hablarse con certeza de la tortura si no se siente, pues es inenarrable y la literatura no basta para retratarla.Estrada, Pedro
 
 


No hay comentarios:

Publicar un comentario