
EL DÍA DE SAN FRANCISCO: EL ÚLTIMO GRAN DISCURSO DEL COMANDANTE CHÁVEZ 

Por: Luis Rodríguez | #Guaniamo68
La trinchera antiimperialista
Hoy es día de San Francisco. Hoy es el día del Cordonazo. Hoy es el día en que nuestro Comandante Chávez
nos dio su último discurso de campaña, un discurso lleno de amor revolucionario y fuerza para un pueblo que no se rinde.
Ese día yo estuve ahí. Recibí la bendición de las aguas divinas y las directrices que nunca he olvidado. La lluvia caía como si el cielo mismo estuviera llorando de emoción, y nosotros, empapados, cantamos el Himno Nacional con la garganta apretada y el puño en alto. No era una despedida. Era un juramento.
El jueves 4 de octubre de 2012, la Avenida Bolívar de Caracas se convirtió en un río de pueblo. Una marea roja desbordada, empapada por una lluvia que no era obstáculo, sino bautismo. El Comandante subió a ese escenario por última vez en una campaña electoral. No lo sabíamos entonces. Pero él, quizás, sí.
Caía un palo de agua sobre Caracas. La gente no se movía. Los paraguas eran inútiles. La lluvia corría por los rostros, mezclándose con las lágrimas que muchos ya no podían contener. Y Chávez, empapado, con la voz quebrada por la emoción, cantó el Himno Nacional.
No era un acto protocolario. Era una despedida. Era un hombre que sabía que su tiempo se agotaba, y que quería dejar grabado en la piel de su pueblo un último gesto de amor.
"Con esta lluvia de San Francisco nos consideramos bendecidos... es un preludio de lo que va a ocurrir el domingo 7 de octubre", dijo.
Y esa frase, que entonces sonó a arenga electoral, hoy suena a testamento. Porque el domingo 7 de octubre Chávez ganó con el 55,25% de los votos. Pero más importante aún: dejó sembrada una conciencia que ni la muerte, ni el imperio, ni la traición han podido arrancar.
Han pasado casi catorce años de aquella noche. Chávez murió en marzo de 2013. Vino Maduro. Vino el bloqueo. Vinieron las sanciones, los golpes, los magnicidios, los intentos de invasión. Y hoy, en 2026, el imperio secuestró a Maduro y pretende doblegar a Venezuela desde Washington.
Pero no han podido.
Porque lo que Chávez sembró aquel 4 de octubre no fue una candidatura. Fue una conciencia colectiva. Fue un pueblo que aprendió a organizarse, a resistir, a no arrodillarse. Fue un partido que, como el PSUV, se convirtió en una estructura de poder territorial que hoy sostiene la gobernabilidad del país.
Esa noche, bajo la lluvia, Chávez no solo pidió votos. Pidió lealtad. Y catorce años después, esa lealtad sigue viva.
La lluvia de aquel 4 de octubre no ha parado. Sigue cayendo sobre Venezuela en forma de bloqueo, de amenazas, de traiciones. Pero el pueblo que Chávez convocó aquella noche sigue en pie.
No importa cuántos intentos haga la oposición de volver. No importa cuántos aviones le cancelen. No importa cuántos barcos le nieguen. Porque la fuerza de Chávez no estaba en él. Estaba en nosotros.
Y nosotros, los que cantamos el Himno Nacional bajo la lluvia, los que llenamos la Avenida Bolívar, los que creímos y seguimos creyendo, no nos vamos a rendir.
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